Estábamos caminando cogidos de la mano por la playa,
observando el atardecer, dejando que las olas nos acariciasen los pies y que la
arena nos hiciera cosquillas.
- Esto es perfecto Yeobo… El atardecer es precioso…- Dijo Ji
Yong mirándome sonriente.
- La verdad es que sí… Es precioso…
- La luz reflejada en el agua hace que el mar brille… Parece
de cristal…
- Nunca brillará más que tú, Ji Yong…
- Yeobo…
Empezamos a acercar nuestros rostros, a punto de fundirnos
en un beso eterno… O al menos eso estaba soñando yo hasta que abrí los ojos y
me encontré un rostro arrugado a apenas dos centímetros de distancia del mío,
llenándome la cara de lametones.
- Gaho! Qué coño…- Me levanté de repente dándole un susto de
muerte al pobre sharpei que salió a todo correr a refugiarse a los brazos de su
dueño.