Sentí la
alarma del teléfono vibrar bajo mi almohada.
- Aish...
Que ya te escuché las cinco primeras veces! - Protesté apagando sin abrir los
ojos la alarma de nuevo y tiré el móvil lejos de mí, deseándole un final
terrible lleno de sufrimientos; a mí no
me despertaba nadie!
- Arriba! -
Abrí los ojos, muerto del susto, cuando Donghae aterrizó encima de mí sin
ninguna delicadeza. - No te ha sonado la alarma? - Suspiré frustrado. Nadie me
despertaba... menos él, que todas las mañanas aparecía por mi cuarto de la
misma forma, y todas las mañanas a mí me daba un mini infarto cuando se lanzaba
encima mía desde los pies de mi cama sin importarle en absoluto si me rompía
las costillas o no.